Volviste • Carta

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Desde que empezamos a hablar, ha sido como un sueño que nadie más haya soñado antes. Saber que fuiste cariñosa hacia mí es casi indescriptible. Al principio no lo podía creer, porque en aquel entonces la misma imagen de ti y de mí juntos siempre se guardaba en la bóveda secreta de mi mente. Cada noche, el sueño siempre estaba atrapado en las cosas errantes del sueño y, cada noche, soñaba contigo. Anhelaba siempre el tiempo que me iba a dormir cada noche, sólo para que en mis sueños pudiera verte; sin embargo, cada mañana lloraba porque el sueño que te contenía se desvanecía.

Cuando me dejaste era como si un cuchillo caliente estuveria apuñalando en mi corazón. La gente se compadecía de mí porque sabían lo mucho que significabas para mí. Pero nunca lo quise. Sólo te quería. Eras tú con quien quería hablar, tocar y sostener. En todas partes, imágenes y objetos relacionados contigo me llamaban la atención más que nunca. Cada pieza me acercó a la sensación de ser aplastado, y cada pieza atravesó mi corazón como la guadaña de la Parca. No podía dejar de pensar en ti. No podía dejar de tener pesadillas, y no podía dejar de anhelarte.

Pero después, apareció un milagro de la nada. Volviste de ese lugar lejano que detestaba. Tu voz cantaba como música, y tu tono se volvió a la misma manera que era la primera vez que empezamos a hablar. Mis deseos fueron saciados cuando yo te sostuve esa noche, ya que nos sujetamos tan cálido y apretado. Cuchillos calientes fueron quitados y sustituidos por dardos de Cupido. Todas las heridas fueron remendadas con el calor de tu presencia. Todos los pensamientos deprimentes del pasado fueron quitados al instante, porque no parecía nada pero la felicidad entrando en la puerta de mi corazón. Quiero que sepas que siempre estaré ahí por ti. Siempre te protegeré, porque significas tanto para mí. Quiero que sepas que estoy lleno de gozo ahora, porque sé que has vuelto a mí.